“Ecotasa 2.0” un nuevo impuesto contra el sector turístico

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Presentar al sector turístico como una amenaza parece ser el leitmotiv de la política del ‘No a todo’ que pone en práctica la izquierda gobernante en Formentera y Balears.

El nuevo impuesto al turismo que pretende aprobar el Govern balear, si es que se ponen de acuerdo entre los partidos que le dan apoyo, es, por una parte, discriminatorio, ya que solo lo pagarán los turistas que se alojen en un complejo reglado y legal, mientras que el 40% de los turistas que se hospedan en establecimientos no reglados eludirán el tributo.

Por otro lado, es un impuesto de pago generalizado, ya que a ese 60% de turistas que deberán abonarlo se le repercutirá exactamente la misma cantidad económica, sin que en la fijación del importe tengan la más mínima incidencia aspectos como el consumo de recursos que realizan estos visitantes, o el desgaste medioambiental que comporte su estancia en nuestras islas.

En el caso concreto de Formentera, ese 60% de turistas que acuden a establecimientos no reglados es muy superior a la media balear. En consecuencia, y por poner solo un ejemplo, con el actual modelo de ecotasa en la mano, se cobrará el impuesto a un turista de bajo poder adquisitivo, y, en cambio, un visitante con más recursos, que pasa sus vacaciones en su residencia de alto standing o en una embarcación de su propiedad, no deberá hacerlo.

En Formentera, los pequeños empresarios turísticos dominadores de la oferta de alojamiento observan con preocupación cómo se cierne sobre ellos una nueva imposición tributaria, con un coste burocrático y administrativo añadido que complica la gestión de sus negocios y aporta una sombra de incertidumbre sobre la rentabilidad de los mismos.

Y todo ello, sin que nadie haya despejado todavía la duda de si la inversión acabará llegando a nuestra isla. De hecho, sería crucial conocer a ciencia cierta el porcentaje de inversión de la ecotasa que corresponde a Formentera, porque, como todo el mundo sabe, inicialmente, todos los ingresos acabarán en la caja común de Hacienda, y una gran parte de ese dinero será destinado a modalidades de gasto corriente que nada tienen que ver con la mejora turística y medioambiental de la isla.

Ni entiendo, ni comparto las actuaciones emprendidas por el Govern en torno a la ecotasa. ¿No sería más apropiado, en un territorio insular como es Formentera, con una única puerta de entrada, establecer el cobro del tributo en el puerto?
Tampoco entiendo ni comparto la nula oposición que ha mostrado el Consell en todo este proceso, en el que de nuevo el gobierno de Formentera ha dado la espalda al sector turístico. ¿Dónde queda la voluntad de diálogo y consenso que pregonaban los partidos de izquierda? ¿Acaso se ha convocado al Consell d’Entitats de Formentera para debatir esta propuesta? En absoluto. En el manual al uso de Gent per Formentera, el Consell d’Entitats solo es convocado cuando está todo atado y bien atado.

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Al mismo tiempo, se ha incidido mucho sobre el nivel de perjuicio que causa el nuevo impuesto a los hoteleros y propietarios de establecimientos de alojamiento turístico reglado. Sin embargo, en mi humilde opinión, los más perjudicados son los miles de pequeños empresarios que conforman la oferta complementaria. El turista seguirá acudiendo a nuestras islas, y más teniendo en cuenta la complicada coyuntura existente en los destinos competidores del norte de África. En cambio, el margen de gasto con que contará el visitante para consumir en nuestros establecimientos, ya sean comercios, bares, restaurantes o cualquier otro servicio, disminuirá necesariamente a causa de la obligación de abonar la ecotasa.

Desde el PP de Formentera hemos apoyado, en determinados casos, la creación de nuevas figuras tributarias. Incluso hemos tomado la iniciativa en algunos de ellos, al entender que son tributos basados en el principio de que ‘quien contamina paga’, como los impuestos repercutidos al fondeo en zonas de especial protección o los que se establecen en el caso de la entrada de vehículos en la isla, durante la temporada alta.

En definitiva, son tributos pensados para gravar un acto que afecta a la sostenibilidad del entorno ambiental, y cuya recaudación debe servir para mejorar este patrimonio en común. Nada de todo eso puede argumentarse cuando hablamos de esta nueva ecotasa, que resurge de nuevo con los mismos defectos que su antecesora, con los resultados, sin duda nefastos, que todos conocemos, y que todos, en mayor o menor grado, sufrimos en su momento.

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